jueves, 29 de enero de 2009

"Más Continuidad de los Parques"

A manera de examen se nos asignó cambiar el punto de vista y el tono de “Continuidad de los Parques” de Julio Cortázar. Sugiero leer antes el cuento de Cortázar para que encuentren el sentido del mío.

"Más Continuidad de los Parques"

Por Andrea V. Arenas

Ella siguió corriendo por el sendero arbolado hasta quedarse casi sin aliento, se quitó el pelo de la cara y sintió tanto el dolor de las pequeñas heridas que le dejó el roce con las ramas, como el de la desolación.

Acuclillada al pie de un roble sacó de entre el pantalón y su espalda uno de los dos únicos ejemplares de una novela. La abrió justo en la parte en la que Él se sienta en su sillón de terciopelo verde a leer.

El crujir del follaje y el silbar del viento la agitaron de nuevo, pero consiguió sostener el manuscrito y entonces se sintió observada, incluso manipulada; sin embargo, así debía ser.

Con manos temblorosas fue más atrás en la historia: en el tiempo en que el ardor, la devoción y el ansia de hace unos momentos con su Amante le habían pertenecido a Él. Habían jurado que sólo ellos terminarían con su relación: cuando no hubiera nada más que hacer, se asegurarían de seguir siempre juntos...

El plan fue minuciosamente articulado, sabían dónde estar y qué hacer. Pronto acabaría; se cumpliría el juramento...

Un puñado de hojas cayó en torno suyo creando imágenes multicolores por la luz que se filtraba entre los árboles. Aspiró el aire frío; era tiempo ya; alzó la cara, envió un “perdón” a su Amante y un “hasta pronto” a Él antes de esparcir su cerebro en la corteza del roble...

- “Hasta pronto”-, respondió el hombre aún sentado en su sillón de terciopelo verde; admiró una vez más la vista del parque de los robles y suspiró. No esperó mucho, la puerta a sus espaldas ya se abría. Antes de que el Amante lo apuñalara, Él alcanzó a entregarle la novela; mentalmente le dio las gracias y deseó que entendiera...

"Hermanas"

En “La Señorita Cora” de Julio Cortázar observamos, además del punto de vista, el tono de la narración y también tuvimos que aplicarlo.


"Hermanas"
Por Andrea V. Arenas

Viéndola tumbada en la cama escribiendo en su diario, Rebeca pareciera la típica chavita de 14 años que se revienta con los amigos y todo. En realidad no entiendo qué tanto puede estar garabateando si siempre está rodeada de neonerds; según ellos se puede cumplir con tareas y obligaciones y al mismo tiempo pasarla bien, ¡ja!. Lo cierto es que esa puede ser una ventaja para ella en esta situación, bueno, no creo, yo soy la mayor, por un minuto, pero mayor al fin y al cabo. ¡Demonios!, ya está Renata criticándome como de costumbre. Claro, se siente muy segura por su minuto, ese condenado minuto que cada que puede me echa en cara para lucirse ante sus amigas y humillarme. Aunque esta vez no creo que le sirva de mucho porque la decisión no depende de ella. Además es una irresponsable, se la pasa enfiestada y qué facha: pelo morado, ropa deslavada y rota, uñas negras, zapatos de Frankenstein, ¡o sea!, me da vergüenza verme reflejada en ella, lástima que somos idénticas. ¡Cómo quisiera tener mi propio cuarto!, detesto cuando muerde la pluma mientras decide la mejor forma de “¡expresar sus sentimientos!”. Rebeca es una cursi de lo peor. Ha de andar por las nubes pensando en su Patricio, yo no podría nunca fijarme en un tipo como él; está guapo, nada más. Patricio es todo un galán, su cara me fascina, Renata jura y perjura que es un esperpento pero yo sé que en el fondo le gusta, lo que pasa es que ella insiste en hacerse la freak. Apuesto a que ahora mismo, desparramada en la cama con su ipod y el pie y la mano al parecer a ritmo de rock, en realidad está escuchando a Yahir o alguno de esos... ¿Y si pasara algo feo este fin de semana que no estarán mis jefes?, supongo que tendré que proteger a Rebeca, la pobre no sabría qué hacer. Es una buena bronca, pero no hay de otra, soy la mayor, es mi hermana y ni modo. De cualquier forma me pondré enérgica, de seguro ya había pensado en invitar a Patricio a la casa y “acomodar” las cosas para que la bese; creo que sería su primer beso. Me muero de ganas de ver la cara de Renata cuando sepa que yo me quedo a cargo, y después cuando le diga que no permitiré que haga la fiesta que ha de haber planeando. ¿Y si le vale y sus amigos hacen destrozos en la casa?, bueno, mis papás ya la conocen, yo sólo mediaría para que no la castiguen tan gacho, después de todo yo también me divierto con sus desmadres.

¿Por qué tarda tanto?... habría oído que nos llamaban si no tuviera el ipod con el volumen tan alto. ¡Ay, no! ¿La habrán dejado a cargo?, ¡por qué se queda ahí parada sin decir nada!, ¡ya, habla!, ¡escúpelo!...

- Renata, dicen mis papás que ya bajemos a cenar. ¡Ah! También dijeron que hoy llega la tía Estela, se quedará con nosotras todo el fin de semana...

"DesEncuentro"

Ya entrando en la recta final del taller leímos “El árbol” de Elena Garro para ver el manejo del punto de vista en la narración y elaboramos un cuento aplicándolo.

"DesEncuentro"

Por Andrea V. Arenas


En la sala, Mariana recordaba con el corazón en vilo su rompimiento con Santiago. Fue inesperado, una tonta discusión, una promesa incumplida.

No se habían visto en años y de pronto ahora, un sorpresivo encuentro en un centro comercial. Tantos momentos, tantas emociones...

“...Dónde guardo tu azúcar, tu sal / que me ha dado y robado de pronto la paz / dónde guardo, tantos años, tantos sueños / que no fueron más allá...”

- Teníamos tantos planes Santiago – dijo Mariana en un intento de reproche – el departamento, la boda, el viaje, no merecía lo que hiciste. Buscaste un pretexto estúpido para irte...

“... Corazón si acaso pudiera ser / Corazón si vuelve lo que se fue / Corazón desciende a mi lado...”

Continuaba ella escuchando, sopesando. Aún le dolía aquella época, apenas tenía 21 años, no alcanzaba a entender lo que había pasado. Santiago era voluble; pasaron momentos difíciles que la habían hecho dudar, entonces él hacía algo que demostraba que la amaba. Y sin embargo, la había abandonado...

“... Estamos solos otra vez / o siempre como en el principio / Dame tu mano, vuela conmigo...”.

- Cuando supe que en realidad te habías ido porque estabas enfermo y podías morir, traté de entenderte, pero hubiera preferido que me lo dijeras, que me hubieras dejado tomar la decisión... – resbalaban pesadas gotas por las mejillas de Mariana...

En ese momento le surgió una pregunta ¿por qué no la había buscado antes, en cuanto se supo curado?, al parecer hacía años que no había vuelto a padecer la enfermedad, en realidad hubiera sido fácil localizarla, incluso seguía viviendo en el mismo lugar...

“... Nunca es tarde para comenzar / No tengas miedo de volver a amar...”.

- ¡Cállate ya! – gritó Mariana arrojando un cojín al radio. Bruscamente se levantó del sofá, se enjugó las lágrimas y aventó la foto de Santiago sobre la mesa. Había decidido que al día siguiente no asistiría a la cita que había concertado con él.

Minificciones

Posteriormente la tarea fue realizar varias minificciones...

"Corazón"

Por Andrea V. Arenas

Julio despertó en un lugar que no conocía, tirado junto a un refrigerador nuevo. Apenas recordaba el inicio de la borrachera. Como pudo se levantó y salió a la calle. Era de madrugada y no traía dinero; comenzó a caminar zigzagueante hacia su casa.
En la penumbra un rudo sujeto le sorprendió cerrándole el paso; amenazante le exigió entregarle todo lo que traía. Julio vació mochila y bolsillos, se encogió de hombros y le obsequió una sonrisa al delincuente. Éste suspiró, hurgó en su pantalón y sacó un billete de 20 pesos que le entregó a Julio; el ladrón se marchó cabizbajo.

"Destiempo"

Esa mañana decidió que era el momento de buscarla. Emprendió el camino pensando en cómo le daría la gran noticia.
Por momentos le asaltaban las dudas, pero se daba ánimos recordando el tiempo juntos y la fuerza del amor que se tenían. Entonces la vio, vestida de blanco saliendo de su casa rumbo a la Iglesia.
Guillermo se quedó entonces ahí, parado, desvaneciéndosele la alegría. Ya no tenía caso darle la buena nueva de su reciente libertad. Ya no tenía caso, ahora los papeles se invertían, ahora era María la casada....

"Presunción"

Sintió el vaho frío del espectro en su cuello, erizándole hasta el alma.
- ¡Esta vez no!, ¡lárgate ente de mal agüero!, ¡no permitiré que te lleves a nadie más! – gritaba Ricardo; los ojos rojos casi saliéndose de sus órbitas...
La aparición daba vueltas en torno a la mesa, flotando, grisácea...
Ricardo se derrumbó en la silla, llorando, la cólera se transformó en súplica: “No puedo más, no soportaría su muerte, me has quitado a mi familia, sólo queda mi esposa, a ella no... por favor...”.
El doliente alzó la vista para continuar su ruego.
El rostro del engendro le sorprendió de frente; ladeó la cabeza y con una mueca burlona, se acercó a Ricardo y le robó el aliento...

"Desencanto"

Las luces y la música que emanaban del castillo podían percibirse a kilómetros de distancia. Esa noche la princesa Araceli elegiría a su esposo.
Enrique, uno de los aspirantes, se sorprendió al ver a apuestos jóvenes que hacían una larga fila esperando entrar al baile. Reparó entonces en uno que se marchaba molesto chupándose el dedo anular y le preguntó qué pasaba.
Indignado, el joven le respondió: “¡No sé a dónde vamos a parar! ahora resulta que la ‘Princesita’ quiere estar segura de que su próximo marido sea realmente de Sangre Azul”...
Enrique tragó salida y se retiró disimuladamente de la fila...

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En la marquesina del teatro se leía: “El Bello y la Bestia”, una adaptación del grupo Fuerza Antifeminista...

miércoles, 21 de enero de 2009

"Doblez"

En el siguiente encargo se nos entregó una serie de diálogos que tuvimos que contextualizar. Estos no podían usarse juntos, es decir, uno seguido de otro; ni tampoco podíamos agregar nuevos diálogos.

"Doblez"
Por Andrea V. Arenas

El hotel en el que se hospedaron no era lujoso pero sí reconfortante.

Eran casi las 6:00 de la tarde; el viaje no había sido muy largo.

- Rani, ya debe estar listo tu baño.

Escuchó el llamado mientras disfrutaba la vista desde el balcón.

- Sí, querido – contestó con disfrazado desdén.

Se quitó la bata y se metió en la tina. Sintió la necesidad de cerrar los ojos. Tenía que estar serena.

Jorge entró al baño y comenzó a rasurase; él ya se había duchado. Por el espejo vio a Rani; parecía relajada.

- Podríamos ir a tomar un trago al bar – trató de decir Jorge con naturalidad, pero se le cayó el rastrillo al darse cuenta que ella le observaba.

Al entrar al lugar, Jorge distinguió la mesa que debían ocupar y al sujeto de gafas polarizadas. Sin embargo, Rani entró decidida y se instaló en una contigua a la que le señalaban. De reojo observó la turbación de Jorge y cómo se acercó a uno de los meseros.

El camarero se aproximó y le preguntó si no preferiría tomar la mesa de al lado: en el lugar que había escogido podrían incomodarla con el paso constante de clientes.

- Lástima, se está bien aquí. Preferiría quedarme, si no le molesta – el empleado asintió con la cabeza y se retiró.

Jorge ya había pedido su whisky y volvió a preguntarle a Rani si quería tomar algo.

- Bueno, sí – le contestó ella que seguía cuidadosamente cada movimiento.

Ya con el tercer cigarro en curso, Jorge tiró la margarita aún sin probar de Rani y ella disfrutó al preguntarle qué le pasaba pues lo notaba nervioso.

- No es nada, después pasa....

Quiso aparentar tranquilidad, pero todo estaba saliendo mal. Jorge sabía que si no “entregaba” a Rani, como le habían ordenado, quien moriría era él. Y para colmo, desde el lugar en el que estaba no podía ver al que debía ser el verdugo: el de las gafas.

Un apagón de luz le aceleró el corazón; sintió la espalda húmeda; su sangre se derramaba tibia...

- ¿Qué fue eso? – preguntó molesto uno de los clientes cuando regresó la luz.

El gerente del lugar le respondió “Nada, nada...”, palmeándole la espalda.

Rani se levantó de la silla y volteó hacia la puerta. El hombre de gafas polarizadas la miró y asintió con la cabeza, ella imitó el ademán mientras veía la navaja entrar en el bolsillo del asesino de su esposo.

"Infidelidad"

El siguiente reto fue crear una atmósfera mediante acciones que fueran ocurriendo durante la historia.

"Infidelidad"

Por Andrea V. Arenas


Las risas sobrepasaban el umbral de la puerta.

Laura llevaba casi 20 minutos con la mano en la manija.

Decidiera lo que decidiera, lo perdería.

Veía su planta favorita a un lado de la puerta y aumentaba su resistencia a abrirla.

El sudor de la mano se extendió por todo su cuerpo.

Una oleada de recuerdos la golpeó hasta casi arrancarle el llanto.

Fue en este momento que sintió el jalón en la mano y vio salir a Armando, su esposo, despidiendo a Carmen, su hermana.

Laura juró, una vez más, que jamás volvería a dudar de Armando.

"Artemisa"

Este ejercicio se llama “germinar palabras” y consiste en escoger una letra del abecedario y escribir un relato con casi puras palabras que empiecen con esa letra. Yo elegí la “A”.

"Artemisa"

Por Andrea V. Arenas


Artemisa aparecía con su atípico atuendo y causaba algarabía. Su alias, análogo al de la artista, la hacía adquirir actitudes altivas.

Acostumbraba andar sobre la arena y se atiborraba de añoranzas que apresaba en acuarelas alucinantes.

A diario el amanecer la atrapaba con un anónimo amante. Se aferraba a adanes siempre ausentes, pero cuya anatomía afloraba asiduamente en su acervo mental.

Articulaciones almagres y atolondradas alteraban a aparentes amistades y autoridades del arte, quienes se alejaban, además, por las altaneras acotaciones de Artemisa.

Pero ella se alimentaba de sus aspiraciones y anhelos, así como de anécdotas asombrosas acontecidas sólo en su imaginación, hasta que acabó ausente, aturdida, creyendo ser la admirada pintora.

Aquellos que la aborrecían la han absuelto y en su aburguesada afición ahora aclaman como Abstracta la obra de Su Artemisa.